Sintiendo
Ahí está,
ahí es;
lo quiero tocar.
Ahí va, ahí fue;
no puedo soñar.
El tiempo,
el deseo,
marchan
por los montes
y el viento
del mundo
sopla en las casas,
y se hunde en el cieno
lo que todos dicen que aman,
lo que ninguno da por cierto:
ese miedo
que surge
de todo querer
como entierro
del propio ser,
amor de dama
o de caballero...
Ser ahí,
ser sin más,
nadie ve,
nadie da.
La piel,
agujeros del mundo,
coraza del mudo.
El tacto,
extraño segundo,
latente gerundio.
Las manos,
en tu yo más oscuro,
son un último muro.




srta desconocida dijo
El cuerpo a veces parece más una cárcel que nos separa y nos limita que no algo que nos permita unirnos.
14 Noviembre 2008 | 04:31 PM