EN ESTE MUNDO

de pisadas olvidadas

y recuerdos muy profundos,

de sonidos pasajeros

que ahí siempre estuvieron,

de cuevas como casas

y mantas de seca lana,

de ladrones y solidarios,

de mendigos de poca cana,

de bufones sin teatro,

de levitas hechas a trapo,

de alegres suicidas

y tristes díadas festivas,

se presenta ausente

una voz pasiva.

EN ESTE MUNDO

dónde nadie impone leyes

(solo se reponen reyes),

dónde solos yo y yo vamos

de las manos enganchados

con unos píes pegadizos,

andando, andando, siempre estamos

a la espera de dar brincos,

y escapamos, escapamos,

somos del tiempo fugitivos

del que reímos,

por el que lloramos,

y todo pende de un hilo

al que nos agarramos,

hasta cortarnos,

levantando giros

de piel en las manos.

EN ESTE MUNDO

de amor de tartufo,

de siniestras guaridas,

de miradas altivas,

de cabezas torcidas,

de cabras sin cabrones

y cabritos mal nacidos,

un pastor cuenta el rebaño

y mide el campo

para hacer apaños;

y esa cabra

de negra mata,

¡que el señor ve a su fulana!

La hoz alcanza

enardecido,

y un reguero de sangre mancha

la memoria blanca

¿de sus hermanas?

EN ESTE MUNDO

dónde vivir es un reto,

sonreír un gran gesto

y observar es de genios,

dónde la vida son números

y el silencio un peligro,

dónde el correr gana y mata

y el parar empalaga;

en este mundo

en el que estamos puestos

en este segundo,

en este momento,

ahora eterno, mañana viejo…

en este mundo

que se agranda

y a la vez aplasta,

en el que se ve el hueso

del suelo muerto

pidiendo cuerpos,

una imagen salva,

un sonido aparta

y un reír distrae

a un dudar eterno

en “este mundo”.