Como si no fuera nada,

te quiero contar mis dulces sueños

de suave almohada,

con oscuros cielos

del fondo del alma.

Como si nunca dudara

de que son solo destellos,

inconsciencia aflorada,

desnuda de velos

color cucaracha,

le pido a la luna

que alumbre los pasos

de mi balanceo,

con el brindar de los vasos;

el alcohol me satura.

Y sale a hurtadillas

del fondo del monedero

una piedrecilla, blanca la saliva

y amarillos mis dedos

sujetando evasivas.

Jamás pediría vivirlos dormido,

pero he descubierto que me duermo

en cualquiera de tus sitios:

las barras, los bares, columpios, el suelo…

¿Quién quiere ser lastre

de mi doblado camino?

¿quién dona sus baluartes

a un tipo tan ambiguo?

Las hierbas le abrazan,

las gentes lo señalan,

sus ropas van sucias

de la baba en su sonrisa.

Ya llega, que pena,

nos trae su fiesta…

ya llega, ya llega.