Interruptor
Busco el interruptor para dar algo de luz a esta habitación, no sé dónde está pero palpo la pared por fuera y solo hayo bordes de puerta y un radiador que no funciona. Está oscuro, el negro es un difuminado blanco apagado, no existe. Pero sigo buscando hasta cansarme. Meto la cabeza dentro, se respira un aire cargado y confuso, parece que hay una ventana que da a la calle, oscura. Empiezo a palpar la pared interna, da escalofríos, es rugosa y se nota el polvo impregnando mis manos. Toso incontrolado e intento aferrarme a algo, pero no hay nada, ni interruptor ni baranda. A medida que mis manos cubren su superficíe descubren tomos de libros de gente ya muerta, oscuros, imposible leerlos aquí dentro, menos aún fuera. Es una plaga de pensamientos sordos, ya no escuchan, como yo no veo. Tropiezo y resbalo hasta caer de boca encima de una cama dura, un cojín arrugado amortigua mi cabeza y me hundo, me hundo quizás hacia la superficie del sueño, no hace falta respirar. Empiezo a ver algo, o lo intuyo, ya no sé discernir la realidad de las ideas que arrastro. Me imagino por unos segundos dónde pondría la luz si quisiera apagar la confusión de las dudas, y palpo desesperado por encima de mi cabeza. Noto algo que sobresale de las rugosidades, estoy a un clic de encender y verlo todo de nuevo, pero tiemblo y me freno, siento algo que pesa en mi cuerpo, y decido dejar de intentarlo, estaba a punto de volver a empezar. Y esa vuelta no era más que otro indecoroso movimiento hacia la nada que volvería a hayar. Cierro los ojos y decido esperar a que alguien me encuentre, ya busqué demasiados tesoros fuera y dentro de persianas.
