Jamás pensé que vendrías a darme consejo, pero la vida es así y ahora te sientas enfrente mío como si nada importara, como si todo se hubiera ido por cloacas infectadas, por humedales y ríos.
Las luciernagas mediocres se ausentaron y no hay luces que nos guíen, pero tu estás ahí, y yo sigo con lo mío: un sendero de ilusiones, una piedra junto al vino, por si no quiere bajarme hasta lo más hondo de mis cavidades, la drene de esperanza, la drene hasta el solsticio.
Y me encerraré en invierno, me encerraré amor lindo, porque la falta de soles, porque la falta de niños jugando en las calles, es un callejón de recovecos insalubres. Y abriré ventanas, abriré el cariño a un mundo de oscuridades que se desvanecen o aparecen con el rocío.
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Busco el interruptor para dar algo de luz a esta habitación, no sé dónde está pero palpo la pared por fuera y solo hayo bordes de puerta y un radiador que no funciona. Está oscuro, el negro es un difuminado blanco apagado, no existe. Pero sigo buscando hasta cansarme. Meto la cabeza dentro, se respira un aire cargado y confuso, parece que hay una ventana que da a la calle, oscura. Empiezo a palpar la pared interna, da escalofríos, es rugosa y se nota el polvo impregnando mis manos. Toso incontrolado e intento aferrarme a algo, pero no hay nada, ni interruptor ni baranda. A medida que mis manos cubren su superficíe descubren tomos de libros de gente ya muerta, oscuros, imposible leerlos aquí dentro, menos aún fuera. Es una plaga de pensamientos sordos, ya no escuchan, como yo no veo. Tropiezo y resbalo hasta caer de boca encima de una cama dura, un cojín arrugado amortigua mi cabeza y me hundo, me hundo quizás hacia la superficie del sueño, no hace falta respirar. Empiezo a ver algo, o lo intuyo, ya no sé discernir la realidad de las ideas que arrastro. Me imagino por unos segundos dónde pondría la luz si quisiera apagar la confusión de las dudas, y palpo desesperado por encima de mi cabeza. Noto algo que sobresale de las rugosidades, estoy a un clic de encender y verlo todo de nuevo, pero tiemblo y me freno, siento algo que pesa en mi cuerpo, y decido dejar de intentarlo, estaba a punto de volver a empezar. Y esa vuelta no era más que otro indecoroso movimiento hacia la nada que volvería a hayar. Cierro los ojos y decido esperar a que alguien me encuentre, ya busqué demasiados tesoros fuera y dentro de persianas.
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Lisa, sin rugosidades, blanca y manchada por pies calzados, pared de mi claustro. Oscura, la luz entra como una fina navaja, disimulando la suciedad. Se amontona el desorden, empuja por sentirse primero.
Cojo un cigarro tumbado en la cama, jugándomela a dormirme y ser fuego. Cierro la puerta, lleno de humo la opacidad más opaca, no quiero verla y la veo. Mi mente se escapa y a ti regresa, rezo a mis dioses para que te vayas. Me levanto y meo, me vuelvo a tumbar, enciendo otro cigarro y espero.
Sigue el malestar, ese demonio que late en mi cabeza, que sube por mi garganta. Necesito líquido, necesito limpiarme, necesito sacar la roña de mi vida. Suena el teléfono, no miro quién es, lo silencio y sigo mirando al techo. Ya llamaré, o ya llamarán, no sé que haré entonces, no sé que hacer ahora.
Sigo aquí, y para bien o para mal, no sé si es lo que importa, pero es lo que hay.
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ROMPER
Cuando salgo de casa sin saber a dónde voy, sé que voy a todas partes, hago lo que puedo por no detenerme a verme perdido, sin meta pierdo el sentido y me muevo por señales, me muevo hacia cualquier otra parte fuera de mi, del tiempo, en el mundo. Me siento más vivo que las veces en que el mundo me mueve, marca mi ritmo y me oprime a tener reloj. Maldito horario de presidiario libre, de ahora come, ahora trabaja, ahora duerme, ahora despierta. Si tengo horario y me doy el lujo de saltarlo un día, al siguiente sufro la resaca o el cansancio, y al otro me lo pienso dos veces antes de volver a romper esa rutina (castigo) , y así voy pasando el calendario, hasta que un día, harto de ver que la vida no se repite ni hay dos oportunidades iguales, rompo con todo, adiós horario, hasta luego amigos, hasta nunca amores no decididos, te diré algo mama, os traeré algo hermanos, volveré cambiado para volver a ser el mismo.
ELLA/S
Sus ojos, sus bocas, sus hombros, sus pechos, sus cinturas, sus traseros, sus piernas, sus curvas, sus gestos, sus sonrisas, sus lágrimas, sus voces, sus pasos, sus poses, sus palabras, sus momentos, sus vidas, sus sueños…todo cuenta:
Ella que me dice tus ojos; ella que me dice tus risas; ella que me dice tu pecho; ella que me dice tu voz; ella que me dice tus sueños; ella que me dice tus poses; ella que me dice que soy yo quién le dice; ella que me dice que es ella quién me dice y soy yo quién se dice que es ella la que me dice; ella que sabe como yo sé que ella sabe como yo; ella que me dice soy yo quién te dice y eres tú quién me sueña diciéndote lo qué nunca te dije sin soñar entre gestos y momentos tus palabras de amor… es ella…¡es ella! ¿soy yo?
AL POETA MALDITO
Mal tumbado, mal cubierto por sabanas mal limpiadas, pienso en lo malo que es verlo todo mal. Pienso en los días en que el mal era una rutina, mal hacia mi, mal hacia todos, mal hacia el mundo. Mal pensaba o mal vivía, mientras maldecía aquella absurda sinfonía comercial, mal vestía con residuos de muchos malos años de mal vestir, mal comía todo lo malo que me pudiera hacer mal, y volaba en delirantes distopías cubiertas por serrín, aterrizaba empapando de malos olores por malos sudores esas sabanas mal limpiadas que me mal cubrían, y así, mal otra vez, bailo esas sinfonías, hago mal mi bien y me mal atiborro de licores, de malos vinos, de malos vuelos, de mal aterrizar. Malas noches, me despido deseando que este mal escribir sea un mal mayor a este mal dormir.
servido por elnihilista
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